Tad Williams: La ciudad de la sombra dorada

Robert Paul “Tad” Williams es, entre otras cosas, un escritor norteamericano que irrumpió hace años, con La Canción del Cazarrabo (1985), en el mundo de la literatura fantástica y de ciencia ficción convirtiéndose en una referencia para parte de los amantes de este género. Es probablemente su tetralogía Otherland, con la que obtuvo el Premio Corine en 2004, con la que se consagró definitivamente aunque ya gozase de un importante número de seguidores.

Otherland está compuesta de cuatro libros: La ciudad de la sombra dorada y Río de fuego azul (1998), La montaña de cristal negro (1999) y Sea of Silver Light (2001).

A nuestras manos ha llegado el primero de ellos, La ciudad de la sombra dorada, en la que un bosquimano llamado !Xabuu, y su profesora de ingeniería virtual Irene Sulaweyo -Renie- nos introducen en un complejo mundo de universos informáticos enriquecidos con paralelismos a otras culturas como la egipcia principalmente. A lo largo de las páginas conoceremos a otros personajes como Orlando o Paul Jonas que van dando forma a ese complejo universo que poco a poco va adquiriendo sentido.

Más o menos uno está acostumbrado a adentrarse en los mundos de ciencia ficción y de fantasía pero reconozco que esta novela me resultó un poco compleja para mi limitado intelecto, no en sí por la historia, la cual poco a poco va cuadrando, sino por la dificultad de entrar a vivir estas vidas.

Es importante tener en cuenta que nosotros hemos leído la traducción al español de doña Concha Cardeñoso, la cual no sé a qué distancia estará del original; no obstante la novela no nos ha atrapado. Tal vez sería interesante una adaptación a la gran pantalla ya que La ciudad de la sombra dorada es muy visual y puede plantear algún reto al tan estancado lenguaje cinematográfico, sin embargo como obra literaria no consigue secuestrarnos en ese mundo de realidad virtual que crea ni en esa historia detectivesca que plantea en sus páginas.

Si bien es cierto que durante las ochocientas páginas va obteniendo un interés cada vez mayor, el final de este primer libro, final que pretende crear la necesidad de ir a por el siguiente dejando la historia en el aire completamente, no produce el efecto deseado. Los personajes son demasiado planos y las historias se cruzan entre sí sin ayudar al lector a formar parte de ellas y tras una lectura tan larga, que se hace en ocasiones aún más larga, el lector merece un abrazo del argumento, que lo mezcan suavemente y no verse escupido en el primer final y acosatrse castigado y sin postre.

Supongo que algún día volveré a esa ciudad… algún día.