El Sacromonte, Granada (diciembre de 2012)

Goya en el Sacromonte

La guía señaló al cuadro que parecía de Goya y dijo «éste es el retrato de Francisco de Saavedra, realizado por Goya». En la última sala del museo de la Abadía del Sacromonte, entre varias vitrinas  de manuscritos, colgaba de la pared el cuadro, tan parecido a aquel otro más célebre, el de Gaspar Melchor de Jovellanos -pintados el mismo año, ambos aparecen sentados junto a su mesa de trabajo, Jovellanos descansando con la cabeza apoyada en la mano, Saavedra erguido con el brazo izquierdo descansando sobre la mesa-. Yo no sabía que había cuadros de Goya en Granada, no recordaba haberlo visto en visitas anteriores, en excursiones, en fines de semana de un pasado lejano de la niñez.

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Francisco de Saavedra (Goya, 1798)

La vista a la Abadía transcurre una mañana de finales de diciembre, temprano: somos turistas madrugadores y hemos llegado antes de que empiecen a pulular por la Abadía visitantes apresurados y familias ruidosas. La guía habla de la historia de la Abadía a ratos con cariño, a ratos con pasión, nos enseña algunas piezas en las que intentamos detenernos el máximo tiempo posible: un grabado de la plataforma de Ambrosio de Vico, los míticos libros plúmbeos -de los que hablaremos otro día-, un incunable de San Juan de la Cruz; y más tarde cuando pasemos a la sacristía, nos invitará a detenernos junto a una hermosa mesa de taracea a buscar las juntas imperceptibles de las incrustaciones de marfil.

 Goya en el Sacromonte

Plataforma de Granada (Ambrosio de Vico, 1613)

– Ahora -nos explica la guía- no se permite realizar fotos dentro del museo, por seguridad, para evitar robos. Alguien puede hacer una foto a una pieza, o quizás girar la cámara y fotografiar una alarma, una cerradura…

En una de las vitrinas, descansa un Averroes. No soy filólogo, pero soy un amante de los libros -amante vicioso, si se me permite, amante del libro como objeto, amante del impreso, de la tipografía, de la caligrafía,  de la pieza artesanal expuesta en un museo-. Comprendo las medidas de seguridad, yo sería moralmente incapaz de tocar el libro, y la vez me muero por abrir la vitrina y pasar tan solo un par de páginas. Francisco de Saavedra se hace el distraído en su retrato, mira a su izquierda, pero vigila.

En algún momento del pasado, esta Abadía estaba casi abandonada y dejada a la suerte de saqueadores. El 19 de mayo de 1985, El País, da la noticia del robo del retrato de Saavedra:

Obras de arte con un valor calculado entre los 300 y 400 millones de pesetas fueron robadas durante la madrugada del pasado viernes, 17 de mayo, del museo de la abadía del Sacromonte, de Granada. Entre ellas destaca un óleo atribuido a Francisco de Goya y fechado en 1797, en el que aparece retratado Francisco Saavedra, ministro de Hacienda de Carlos IV. Los ladrones hicieron un agujero en la parte trasera del edificio y pasaron sin problemas al interior. La única medida de seguridad que tiene la abadía es un perro guardián, que ha desaparecido.

Además del perro guardián, una sola personaba moraba el edificio. Cuesta imaginar hoy día un cuadro tan valioso abandonado a su suerte, pero como dijo el poeta -y luego tanto se ha repetido-: todo es posible en Granada. Igual que la Abadía del Sacromonte, también han estado abandonados y al borde de la desaparición edificios tan valiosos como el Corral del Carbón, o siguen estándolo y ya sumidos en una profunda ruina, como el monasterio jesuita de Jesús del Valle.

Antes de ser ministro de Carlos IV, el niño Saavedra estudia en un colegio de Granada y después inicia estudios de dialéctica y teología en el Sacromonte. La importancia del barrio del Sacromonte sobre la ciudad de Granada no sólo es folclórica, sino también académica y, por supuesto, religiosa.

La abadía se funda en el lugar en el que se hallaron en 1595 las reliquias de San Cecilio. El santo, se ganó el título de Mártir mientras predicaba por Hispania allá por el siglo I. Fue incinerado en un horno que aún hoy día puede visitarse recorriendo unas catacumbas que el turista, para mayor divertimento, puede imaginar algo laberínticas, piedras de dos mil años de antigüedad que llegan hasta nuestros días. Pero la historia del Sacromonte, en realidad, comienza a escribirse a finales del siglo XVI.

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El Sacromonte, Granada (diciembre de 2012)

El día es soleado, el silencio en la abadía y sus alrededores invita a remolonear charlando, a dilatar la visita. En toda la mañana, apenas se han escuchado el ruido de la faena de unos obreros que realizan reformas en el edificio o el del autobús que nos ha dejado cerca de la abadía. Además de silencioso, el paisaje es estático: todo permanece dormido, inmóvil, la luz de diciembre congelada, las ramas de los árboles dormidas, los pájaros arrebujados en las ramas o realizando vuelos cortos; a lo sumo se ve moverse por el cielo la columna de humo de la chimenea de una cueva que sobresale por la ladera del valle. Yo, que busco parecidos donde quizás no los haya, imagino que sería similar la chimenea del horno en el que San Cecilio fue martirizado: tan solo piedra protegiendo el hueco en el suelo de donde emana el humo.

– Pero tengo una duda -digo yo-, si aparecen por casualidad unas cenizas de mil quinientos años de antigüedad ¿Cómo sabemos a quién pertenecen esas reliquias? ¿Cómo se identifican?

– Porque están identificadas -me responde la amable guía-, porque junto con las reliquias aparecen unos documentos que identifican los restos como pertenecientes a San Cecilio.

En la España inmediatamente posterior a la reconquista, alrededor de un siglo después de la toma de Granada, aparecen en Valparaíso, ahora conocido como Sacromonte, los restos de unos mártires cuya existencia viene a afianzar la fe cristiana de una zona de la que ya habían sido expulsados los judíos, pero los moriscos aún no.

La fe crece en la España imperial, pasan las décadas y la Abadía con el tiempo comienza a quedarse despoblada. El edificio sobrevive a los siglos y llega hasta finales del siglo XX en un estado de abandono que facilita el robo del cuadro de Goya. Aún deben pasar muchos años más para que se resuelva el robo. Hasta el 17 de abril de 1991, no tenemos noticia de la recuperación del retrato de Saavedra:

La policía de Madrid ha recuperado un retrato de Francisco de Saavedra atribuido a Francisco de Goya, además de otras valiosas obras de arte, procedentes del robo perpetrado en mayo de 1985 en la abadía del Sacromonte de Granada. Los ladrones, aprovechando la nula vigilancia existente en la abadía, penetraron en su interior y huyeron con cuadros, relieves y objetos de culto de gran antigüedad, algunos de los cuales permanecen en paradero desconocido.

Un desconocido, depositó el cuadro de Goya junto con otras obras en el Museo del Prado y después desapareció. El robo, por fortuna, parece que hizo que se prestara más atención a la vieja Abadía y se restaurara, se implantaran las medidas seguridad oportunas, y se abriera a la visita del público.

Después del museo, visitamos las catacumbas y el horno donde fue incinerado el mártir San Cecilio -seguimos el orden contrario a la visita que se realiza normalmente-, pero de eso, como dije, hablaremos en otra ocasión. Salimos de la Abadía por el lateral a una mañana de diciembre tan soleada que apetecía a volver a la ciudad caminando. La guía agradeció nuestra visita y nos invitó a volver, a hablar a nuestros conocidos de la Abadía, a  recomendar su visita. Yo la recomiendo, a ser posible en una mañana poco concurrida, quizás madrugando un poco, para luego salir al camino dispuesto a dar un largo paseo de vuelta. Sirva como excusa un cuadro de Goya, sirva como excusa un capítulo de la historia de la fe de ésta ciudad o el curioseo tranquilo por un museo diminuto, acogedor, si acaso las excusas fueran necesarias para mirar hacia la Abadía y darle durante un rato una dosis de merecida atención. Por las montañas bajaban el sol y el verde hermanados en el frío de diciembre, al fondo, al sur, el valle se abría dejando espacio a la ciudad de Granada, tan cerca allá abajo y a la vez tan lejana.

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Granada desde el Sacromonte (diciembre de 2012)

Para saber más:

Abadía del Sacromonte.
De Ilípula al Sacromonte, hasta el 13 de Septiembre de 2013 en el Centro Cultural Nuevo Inicio, Granada.