Mapa del mundo según Eratóstenes, reproducción de 1983 de Bunbury, E.H. (1811-1895), A History of Ancient Geography among the Greeks and Romans from the Earliest Ages till the Fall of the Roman Empire. London: John Murray

Cuando la tierra era plana

Tenía hace años un libro en el que se dibujaba un croquis del universo: la plataforma terrestre, plana, flotaba sobre un abismo infernal, y a los lados -como si la tierra fuera tan solo un segmento- dos columnas sostenían una cúpula en la que se dibujaba el cielo. La curiosa concepción del universo venía en el primer capítulo de un libro de catequesis, aunque no llegaba a situar a Dios en ningún lugar en concreto. Todo se vuelve un poco más turbio si les cuento que el libro iba dirigido a niños de seis años sin especificar que se trataba de un croquis mitológico, no de una verdad científica -pero esto es otra historia-. A mí entonces me sorprendió que en ya a finales del siglo XX quedaran ideas -pseudocientíficas, religiosas, supersticiosas- que se construyeran con c0nceptos como éste ¡La tierra es plana! Ahora, ya más curado de espanto, me suelo sonreir -a veces me da la risa- al descubrir grupos como The Flat Earth Society, que siguen promoviendo teorías sobre la planicie del mundo en que nos ha tocado vivir.

A todos nos contaban ya en el colegio que Cristobal Colón había descubierto América dándole la vuelta al mundo. Parece ser que el genovés -por entonces tan solo presunto, según nos decían, posiblemente español-, había descubierto que la tierra era redonda y se había lanzado a buscar una nueva ruta comercial. Pensó que la distancia desde las Islas Canarias hasta Asia era de sólo 2.500 millas. América les pilló en medio y la descubrieron por casualidad. Sin embargo, el cálculo de las dimensiones de la Tierra ya había sido hecho ya por Posidonio (s. I a.C) y antes por Eratóstenes  (s. II a.C) con cierta exactitud ¿Cómo puede ser que se sepa desde antes de nuestra era que la tierra era redonda y que tantos siglos después, en la era los viajes espaciales, aún haya teorías y se difundan mitologías sobre una tierra plana?

Yo recordaba hoy, por casualidad, aquel modelo del universo del catecismo del siglo pasado y a la vez una anécdota que contaba Stephen Hawking en Historia del tiempo: en una conferencia, Bertrand Russell contaba cómo la Tierra giraba giraba alrededor del Sol, y éste a su vez alrededor del centro de la galaxia. Al final de la charla una señora le recriminó: «Lo que nos ha contado usted no son más que tonterías, el mundo es en realidad una plataforma plana sustentada por el caparazón de una tortuga gigante». Eppur si muove, debió pensar Russell. Ésta idea la utiliza Stephen Hawking para empezar a justificar el modelo del Universo que presenta en su libro ¿En qué nos basamos para pensar que el Universo es como pensamos que es? ¿Cómo podemos descubrir la redondez de un planeta desde la planicie de la superficie terrestre? ¿Es realmente cierto lo que aceptamos ahora como verdad científica sobre el Universo? ¿Por qué otras afirmaciones nos parecen descabelladas?

En el siglo II a.C, Eratóstenes se dio cuenta de algo. Sabía que durante el solsticio de verano, en Asuán, los objetos no proyectaban sombra a medio día y la luz del sol caía hasta al fondo de los pozos. Esto era sorprendente porque en Alejandría, mucho más al norte, pero aproximadamente a la misma longitud, el mismo día a la misma hora, los objetos proyectaban sombra. Esta sombra significaba que la superficie de la tierra, aparentemente plana, se curvaba en realidad recibiendo los rayos del sol con diferente ángulo. Midió la sobra que proyectaban los objetos y calculó que de Asuán a alejandría había algo más de 7º de diferencia. Sabiendo la distancia estimada por las caravanas que viabajan de Alenjadría a Asuán, calculó por fin que la Tierra debía tener unos 252.000 estadios de circunferencia. No sabemos con seguridad a cuántos metros equivalía el estadio que utilizó Eratóstenes, pero podemos estimar que su error estuvo entre un 1% y un 15% como máximo. Su única herramienta material era la sombra de una vara de madera posada verticalmente sobre el suelo, lo demás lo construyó utilizando los libros a los que tenía acceso en la biblioteca de Alejandría, las matemáticas y el ingenio.

A Colón no se le ocurrió de repente que la tierra es redonda -nunca, nada ocurre de repente-. Se basó seguramente en los trabajos de Toscanelli y de manera indirecta en los cálculos de Posidonio, aunque cometiendo algunos errores de cálculo. Es muy probable que conociera a gente que ya había realizado el viaje antes que él y que recibiera indicaciones muy precisas de la ruta a seguir y del camino  llevar. Antes de salir, sabía perfectamente que debía viajar primero hacia el sur, hacia Canarias, y que para cruzar el Atlántico de vuelta debía navegar por la latitud de las Azores -era la única manera de realizar el viaje, aprovechando la dirección de las corrientes marinas-. Es muy probable que Colón después de años investigando y preparando su proyecto supiera, antes de salir de viaje, que iba a navegar hacia América.

Porque toda la ciencia se basa en una cosa: una observación metódica y minuciosa, el esfuerzo paciente e incansable de los científicos que han que han trabajado desde el comienzo de la Historia del hombre hasta los experimentos de los últimos años. La creatividad y el pensamiento divergente aplicados a la experimentación son cosas muy diferentes de las elucubraciones y las teorías vacuas, que normalmente se exponen con lenguaje abstracto y sin mucho sustento científico. Desde el hombre neolítico que contemplaba y estudiaba las estrellas, trazando esquemas, utilizándolas para medir el tiempo, hasta los experimentos que en los últimos años se han llevado a cabo en el CERN o las teorías que ha escrito Stephen Hawking en Inglaterra. Peter Higgs estaba presente el día que se descubrió la partícula que lleva su nombre: él teorizó sobre la partícula, él sembró la semilla para descubrirla y él mismo dudó de que eso fuera cierto hasta que pudo ser comprobado con un experimento, como un Cristobal Colón que viaja para palpar lo que ha imaginado antes de asegurar que es cierto. Quizás Newton desmontaría sus propias leyes de haber tenido las herramientas para mirar un poco más allá de donde el pudo mirar, aunque hoy día podemos seguir utilizándolas en la superficie de la tierra gracias a la precisión con la que observó la naturaleza.

Todo científico duda en cierta medida de lo establecido y se apoya en el conocimiento sólido para seguir construyendo. Reescribe la ciencia en base a lo que se puede observar, e incluso dudan de lo que ellos mismos escriben porque en cualquier momento puede surgir una nueva teoría, un experimento más exacto o más novedoso que desmonte lo que hasta ese momento se sabía y parecía correcto, pero siempre estará basado en la observación, en los hechos, en lo razonable.

Para saber más:
Hawking, Stephen (1990), Historia del tiempo. Del Big Bang a los agujeros negros. Alianza Editorial.